El 23 de febrero de 2018, Doyle Lee Hamm, de 61 años, se convirtió en la tercera persona desde 1946 en sobrevivir a una ejecución en Estados Unidos.
Condenado a muerte en el estado de Alabama por un robo a mano armada que terminó con el asesinato del vigilante nocturno de un motel, Hamm pasó 30 años en el corredor de la muerte antes de que se fijara la fecha de su ejecución mediante inyección letal.
Una ejecución que presentó numerosos problemas, dado que el preso padecía linfoma y carcinoma basocelular, lo que, según el personal médico, dificultaba su ejecución según el protocolo habitual de Alabama.
A pesar de estos problemas y de que sus extremidades superiores no eran aptas para el procedimiento, el equipo de ejecución intentó, sin éxito, utilizar las extremidades inferiores y los tobillos de Hamm.
Desde ese momento, transcurrieron unas tres horas durante las cuales el equipo intentó por todos los medios acceder a las venas del condenado, insertando unas diez agujas que incluso perforaron su vejiga y la arteria femoral.
Al expirar la medianoche, la orden de ejecución caducó y Hamm fue sacado con vida de la cámara de ejecución, aunque herido y sangrando.
El caso causó una considerable conmoción mediática y, tras una demanda entre Hamm y el estado de Alabama y diversas batallas legales llevadas a cabo por asociaciones de derechos humanos, se llegó a un acuerdo por el cual no era posible una segunda ejecución y su sentencia de muerte fue conmutada por cadena perpetua.
Condenas increíbles
Woodrow Holmes Ransonette y Franklin Joseph Ransonette (hermano). Inicio de la condena: 1973. Duración: 5.005 años
Henri Parot: Inicio de la condena:1990. Duración: 4.797 años
Julio Gonzalez: Inicio de la condena: 1991. Duración: 4.350 años
Finalmente
Iwao Hakamada (Japón)
Condenado en 1968, pasó casi 50 años en el corredor de la muerte, gran parte de ellos en régimen de aislamiento.
En 2014, un tribunal le concedió un nuevo juicio, suspendiendo su condena debido a pruebas falsificadas y pruebas de ADN que demostraban su inocencia, convirtiéndose en el preso que más tiempo ha permanecido en el corredor de la muerte en el mundo.
Recibió una indemnización en 2025 tras su absolución, lo que puso de manifiesto los problemas del sistema judicial japonés, que se basa en confesiones obtenidas bajo coacción.